Cartas para la Gitana#1

 Gitana:

Antes que nada, me disculpo por seguirte buscando. No es intencional realmente, solo hay tantas cosas que necesito sacar, expresar, que duelen, y esa parte donde uno siente que no cierra y no puede, que necesita que el otro sepa lo que uno siente para tener un grado de alivio o desahogo.
Es difícil soltarte si apareces cada vez que cierro los ojos. Si te veo en todos lados, y tu nombre… te pienso ahora mucho más y me lo paso revisando ahora momento a momento.
Reviso mis conductas y sigo sin entender la parte del narcicismo, cuando en realidad me encuentro más cercano a la codependencia.
Me duele o molesta que durante tanto tiempo hayas hecho énfasis en el 20 de septiembre, como aniversario de nuestro hijo, y cuando ya no te era de utilidad, lo dejaste de usar o recordar.
Cuando te cuestiono por qué usas como arma algo que se supone que debía unirnos, no me das una respuesta clara o qué es si así fue a mi perspectiva.
Todas esas preguntas que están sin responder de tu parte y que nada te costaba hacerlas.
Cuando te pregunto por tus bloqueados o borrados.
Cuando te pregunto por tus acciones en general.
Cuando te molesta porque no te di acceso a mis redes a menos que estuviésemos casados, pero pregunto, ¿con los que sales les pides acceso a la inmediatez?
Y si eras tan inocente, ¿qué te costaba mandar un mensaje donde externas que tienes pareja?
Cuando dices sobre tantas cuestiones rotas, me pregunto, ¿cuáles son esas tantas?
¿la confianza?
Y lo que repito una y otra vez que no logro entender.
¿qué te hacía falta para que te quedaras?
¿dinero?
Queda esa cuestión, ese énfasis en esos comentarios, y si el dinero era lo que necesitabas en la comparativa con otras personas. Me hubieras dicho que tu amor tiene un precio y en su momento pude pagar los ciento treinta mil de tu cirugía con mi línea de crédito.
¿un ramo buchón?
Me hubieses dicho que tenía más valor eso que las acciones de ir a tu casa y hacer o ayudar con la limpieza.
Que darte los regalos materiales que supuestamente son de utilidad.
Nunca te puse una mano encima, y contadas son las veces que podría considerarse que alcé la voz.
Lo más que hice fue invitar a la autocrítica sobre cuestiones que has vivido, que eres consciente de lo mucho que duelen, y que te preguntaría.
¿por qué las haces?
Cuando te digo, fuiste abandonada por tu padre, sabes lo que duele el abandono.
No te pregunto si es en la misma magnitud, te digo que SABES lo que es eso, y te estoy diciendo que me estás abandonando, ¿por qué lo haces?
Tú no conoces lo que a mí me duele, y no lo dimensionas, pero puedes darte una idea del grado en el que te lo expreso, y te escribo, y te busco.
Cuando son cosas que no haces y no hiciste por mí, pero por tu padre sí.
O en su momento cuando decidiste volver, si deseabas seguir viendo a otros, y por eso te resultaba tan difícil darme mi lugar, me lo hubieras dicho, me hubieras dado esa libertad de poder elegir si querías quedarte o no.
Cuando te cuestiono la comparativa de acciones.
No te pregunto si tienes gente que dependa de ti, te pregunto si existen acciones o no.
Pero actualmente, nada de esto sirve.
Me bloqueaste en redes y se agradece.
Tengo un espacio que le escribo tanto que no es suficiente.
En mi mente todavía cierro los ojos y pienso en Querétaro, las invitaciones a hacer acciones juntos en la roca que suena a metal porque unen a las parejas.
Las fotos en el restaurante.
El sexo.
La intimidad.
La conversación en el jacuzzi.
Y hoy, no puedo evitar pensar si cuando sales con alguien y este toma tu mano, mide el tamaño de sus pasos para no jalonearte.
Si cuando alguien te abraza, te abraza con la fuerza suficiente para que te sientas protegida pero que no te lastime.
Si cuando te escuchan hablar, ponen atención realmente a lo que dices en lugar de perderse estúpidamente en el castaño de tu mirada o lo carnoso de tus labios.
Si en la intimidad, ponen atención a tus lunares y juegan con la curvatura de tu espalda de la manera que se merece.
Si se dan el tiempo de recostarte y darte un masaje para relajarte.
O simplemente van y brincan al coito.
No me causa placer, me causa dolor.
Me pregunto si cuando le preguntan a Ernesto por su música, es real y si se emociona cuando toca Sliknot o alguna otra banda de metal. Si headbangean con sus rolas.
Si buscan entender el contexto filosófico que existe en Andrea y la dicotomía de su pensamiento entre juvenil y adulto.
Si ven a Sara, y ven algo más que una gata.
Como en mi caso, que me cagan los gatos pero extraño a esa bola de pelos sentada en mi regazo o acercándose a la hora de la comida a pedir comida.
¿lavan trastes?
¿cargan pesado?
¿piensan en hacer algo por tus plantas?
¿piensan en una gestión económica para mejorar?
Y es eso de lo que me atora.
Todos esos planes o ideas que hubiese gustado hacer.
Que, si levantan tu ropa sucia y la huelen, y esta les produce una tranquilidad como si oliera a eucalipto con alcanfor.
Que desbloquee personas con la intención de reconectar, pero no pude porque me aburrí, porque no encontré razón alguna para conversar, y porque si se fueron de mi vida fue con justa razón.
Que busqué de nuevo a Gaby, y después de tres citas me di cuenta de que no es ahí, nunca fue ahí, y aunque haya salido con ella, sintiendo que estaba teniendo progresos, hubiese fallado estrepitosamente.
Quisiera mostrarme fuerte, poderoso, pragmático y estoico.
No me sale.
Las emociones se me desbordan cuando se trata de ti.
Te pienso mucho, te lloro mucho.
Cuando se muere alguien, sabes que no lo volverás a ver, que sus redes no las volverá a tocar.
Contigo no pasa eso. Sé que si te busco o veo tus redes, ahí vas a estar. Con alguien o algo nuevo, diferente.
Son las cosas que quizá nunca aterrizaste.
Ese reclamo donde te digo.
¿por qué tú sí puedes hacerle videos a tu ex marido si ya se terminó?
Esa parte donde, ¿qué me faltaba a mí?
Esa necesidad de validación de otros.
Porque no es validarte a ti misma. Si te gusta una foto, la subes a tus redes y listo.
Los pies o deslices de escote están de más.
Si te gusta ser coqueta, ¿a qué grado llega el límite de lo que tú sí puedes y el otro no?
Y si te llamo cobarde. Discúlpame, pero lo eres.
Porque evitas dar la cara, porque no hablas, porque supones.
Y no es por protegerte.
En el diálogo, no existe riesgo para ti físico.
Solo cuestionamientos.
Más cuando es de frente.
¿qué otra forma hay de hablar las cosas?
Y si por mí fuera, te escribiría un pliego con las diez mil razones para estar juntos, pero sé que no son suficientes para ti.
Que sigo sin entender por qué volviste.
Y la pregunta que más me chinga.
¿qué te faltaba para que te quedaras?
¿qué me faltó?
Esa puta sensación de insuficiencia.
Y aún con todo esto que siento.
Te sigo amando. Con ese pinche fervor cuando te vi en la cama del hospital, cuando te vi despertar, cuando te escuché reír, cuando te vi chiquear a tus hijos o jugar con tu gata.
Con la misma ternura que me causó escucharte llorar por algo que te dolía y que me dijiste que buscaría protegerte para no volverte a escuchar llorar de nuevo por algo así.
Con esa pinche pasión por lograr crecer y ser más de lo que ya era para ser un mejor proveedor o hombre.
Con la razón que existe para dejar de simpear o seguir morras buscando su aprobación.
Te amo, y te amaré hasta el final de mis días, aunque no estés.
Y eventualmente quizá volveré a amar, pero ahí vas a seguir. Como un dolor sin sitio.
Porque era fácil. Fácil verte de 60, 70, hasta 80 años.
Ahí, con tu cabello recogido como cebollita. Con tu olor, tu perfume, tus lunares y volvernos pasas de higo.
Peleando por cosas pendejas, pero regresando el uno al otro.
Y a lo mejor esa idea del amor está estúpida de mi parte, pero es lo que he visto en mis abuelos, que después de cierta edad su amor era como el de niños que pelean, pero se encontentaban para salir a caminar juntos tomados de la mano.
Sigo pensando que me debes años de vida juntos y que es un contrato que no cumplirás.
Que nunca sabré cómo se ve mi acta de nacimiento endosada a tu nombre, pero que aún lo deseo profundamente.
Que se supone que un amor maduro, deja que el amor de su vida sea feliz con el amor de su vida.
Y no, nunca ser un acosador, un hostigador y menos violento.
Si te incomodo, pido perdón.
Estoy trabajando en dejar de hacerlo.
Solo no es fácil soltar cuando te puedes ver envejecer al lado de alguien.
Cuando todos los putos días despiertas preguntando cómo está ella y los suyos.
Cuando el pinche duelo no es correspondiente a una persona, sino a tres y su gata.
Cuando extrañas ese puto olor a hidrocarburo y el resplandor en el filo del firmamento.
O en su defecto, esos camiones que marcan las rutas a seguir.
Escuchar Dany Flow o Insulini.
Cuando las canciones viejitas me evocan a ti.
No tienes idea de lo fácil que es de manera inconsciente regresar a ti. Y eso es donde me jode.
Dónde soltar se me dificulta.
Donde te es tan fácil soltarme, ignorarme, y yo estoy sufriendo tanto.
Y me gustaría que entendieras que si tu amor o tú me hubieses sido TAN fácil, no estaría aquí.
Que veas y entiendas que eres algo tan grande, masivo, que por eso solté a otras personas porque no me importaban en lo absoluto.
O el puto veneno de Chris, y todo lo que le creíste, pero que esta persona tiene años que no sé de ella, y no quiero saber de ella, por actuar tan mierda aún después.
Al final queda eso.
¿qué te faltaba?
¿qué necesitabas?
Y te lo digo así.
Hubiera dado todo lo que tenía y tengo por buscar darte lo que necesitas.

Comentarios

Entradas populares